Retratos y Personalidad
Mariano E-Mail
Escrito por Daian   

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Andando por el ambiente citadino con una camisa "con palmitas", un short corto, una gorra que le regaló el vecino cuando vino del "Norte" y un ventilador de pila colgando del cuello como si fuese a resolver los calentones del sol de Cuba......así anda y desanda Mariano las calles de la tierra de los patios de helechos y matas de arecas que envuelven tinajones con aguas que seducen con quedarse para siempre a los forasteros.

 

Negro, afeminado y un tanto loco en su andar siempre presuroso; ese es el envoltorio que guarda una de las almas más nobles de mi Camaguey natal.

Recuerdo de pequeño que Mariano limpiaba en mi casa todos los sábados y recuerdo que era amigo de mi padre (quién no lo era?), recuerdo que era amigo de mi prima, conocido de un amigo y uno de los pocos morenos que iban a la iglesia los domingos y se sentaba junto a doctores, abogados y señoras aburguesadas.

Pasaron los años y siempre lo veía en su caminar cuasi-noctámbulo, en su Iglesia del Carmen sentado dispuesto a hacer lo que se le pidiera: tocar las campanas (...y despertar a medio barrio), acomodar las estampitas de la mesita de la puerta de la iglesia (...y dejarlas meticulosamente ordenadas por santos y oraciones), llenar una jarra con agua para el próximo bautizo que está a punto de comenzar (...y sin derramar ni una gotica de líquido).....así es Mariano, siempre dispuesto, siempre ahi.

Siempre he tenido la desdicha de no poder conciliar el sueño los domingos más allá de las 7:00 am, por eso, me disponía a salir con mi cámara a esta hora para aprovechar los primeros rayos del sol y la tranquilidad de una ciudad colonial acabada de levantar el día más parco de la semana.

Repetidas veces me encontraba con Mariano en la Plaza del Carmen a esas tempranas horas solamente esperando a que llegara el cura para que abriera las puertas del templo. En estas esperas y agotado yo de hacer fotos me sentaba junto a él simplemente a oir sus historias, sus cuentos, cuentazos, consejos y hasta mil cosas que sabía de mi familia y de las cuales ni yo mismo estaba enterado. Que si también limpió en casa de mi prima, la pianista, que si fulanito desde que se fue del país más nunca le ha vuelto a escribir a su madre y que eso sería lo último que él haría en esta tierra, que si El Padre tiene la mamá enferma y quizás no llegue a tiempo para la misa matutina.....y así, era como ponerme al día de todo cuanto sucedía en mi ciudad.

 

Un domingo llego a la iglesia de la plaza y encuentro que ya estaba abierta y Mariano justamente sentado en uno de sus bancos con un aire pensativo típico de una mañana de domingo. Sin pensarlo me adentro en el templo y después de persignarme y pedirle un par de cositas a Dios rápidamente, me dirijo hacia mi amigo pero ahora con la intención de pedirle a él.

 

- Voy a sacar la cámara Mariano, te dejas retratar? - fueron mis palabras.

- Claro chino - respondió rápidamente como si hubiese estado esperando eso por mucho tiempo.

 

Saqué mi Canon de inmediato, puse un lente 50mm y sin ni siquiera cruzar palabras fue como si me desapareciera del lugar y él siguió en su abstracción, mientras yo hacía mis fotos.

El sol entrando por la puerta de la iglesia e ilumuminando su camisa veraniega y parte de su rostro se convierte en un elemento tangencial que nos hace recorrer el cuadro desde fuera de la casa de Dios hasta dentro del templo, como si estuviésemos montados en un fotón emitido por el gran astro.

La silueta de los bancos eclesiales en el fondo nos remiten a un ambiente gregoriano que me recuerda la música de los monjes de Santo Domingo de Silo pero ahora con un protagonista negro entre sus notas.

La expresión monótona del rostro que apenas se puede apreciar  entre sombras nos sumerge en las huellas que puede dejar la vida en personas simples de carne y hueso, en la gente común que nos rodea día a día.

La textura de su facie tan camagueyanamente siluetada, como si no pasara nada más allá de ese habitáculo sagrado, como si me estuviese revelando parte de su vida en cada fotograma.

Esta imagen siempre me fascinó por el simple hecho de ser Mariano, el hombre común que camina por las calles de mi ciudad...

 
Fausto E-Mail
Escrito por Daian   

ImageFausto Fernández es uno de los fotógrafos más grandes que hay en Cuba y su obra está posiblemente a la altura de los grandes maestros de la fotografía clásica a nivel mundial (y no escatimo en afirmar esto, que conste).

Además de su obra artística es muy probablemente una de las personas que más sabe sobre todo lo que tenga que ver con fotos, cámaras, lentes y todo lo referente al tema. A veces he llegado a pensar que se perderá tanto el día que ya no esté que sería preferible quemar todos los libros de fotografía en una gran hoguera y darle a Fausto de la fuente de la Inmortalidad sólo para que escriba todo desde cero. Sé que soy un poco extremista con lo de la hoguera pero para nada exagero cuando hablo del gran pool de conocimientos que contiene su sabiduría acompañado de la experiencia de años y de las constantes ganas de saber más y probarlo por sí mismo (hasta que funcione y se rompa).

Personalmente tengo la dicha de tenerlo como amigo y en el tiempo que vivía en Cuba lo visitaba frecuentemente sólo para hablar de cuantos temas se nos ocurrieran, divagar en temas fotográficos, reírnos de las ocurrencias de Herbert Keppler en Popular Photography o simplemente para revelar un rollo e imprimir usando químicos de Radiografías. Todo esto se sucedía semana tras semana sentados en unas mecedoras que habían visto pasar sus sueños de fotógrafo, de hombre e incluso de matemático, pasión que había practicado durante muchos años.

A pesar de las largas horas que pasamos juntos en nuestros debates "filosóficos", y de estar siempre acompañados de cámaras cargadas listas para ser usadas, no fue hasta unos pocos días antes de salir de Cuba que decidí retratarlo, quizás por temor a no crear una imagen a la altura del Maestro.

 

Fue un jueves en la tarde, dispuse mi Canon A310 digital recién comprada y aún en período de prueba de fuego y le pedí que cambiásemos la  táctica de nuestra plática ese día, le sugerí acercarnos a la puerta que comunicaba la sala de su casa con un pasillo interior por el que se colaba el sol y le dije sutilmente que quería hablar de pié. Como de costumbre comenzamos a ponernos al día de temas tratados en Time, Life y demás revistas "imperialistas", luego seguimos el diálogo cayendo como siempre en temas inevitables como las cámaras Leicas, los objetivos asféricos, el sistema de zonas de Ansel Adams y lo que más compartíamos: la ironía y el sarcasmo hacia las cosas simples de la vida y hacia los mediocres "Gamberros" que merodeaban nuestra ciudad disfrazados de f5.6 con 1/60 haciendo reir a niños y cobrándoles a los papás por una 5x7.

En fin....entre tantas cosas habladas y otras por hablar saqué mi cámara e iba tomando fotos con la única fuente de luz proveniente de la puerta e incidiendo difusamente sobre su figura envejecida. Varias tomas se hicieron ese día, algunas con espejuelos, otras sin estos, algunas con una camisa azul que parecía tener todos los años del mundo y algunas de cuantas formas fuimos improvisando durante la conversación.

 

La imagen que hoy muestro aquí y que es entre todas la que siempre me cautivó, representa la más pura facción  de Fausto en su afán de comprender lo incomprensible y en su eterna sorpresa ante las cosas sencillas que nos rodean.

Su mirada inquisidora y burlezca que nos trasmite el hecho de estar frente a un genio y que nos lleva siempre a la pregunta: "qué dije mal?" es el símbolo de su locura aritmética, fotográfica o incluso cuasi-freudiniana.

Los espejuelos remendados sobre su frente nos revelan su dejadez por las cosas materiales, su irreverencia por todo cuanto tenga que ver con  verbos como "tener", "poseer", "comprar" o  "gastar".

El estrecho cropping rectangular de manera vertical le quita un poco el sentido de fotografía tradicional a la imagen y nos lleva a creer que vemos el rostro envejecido a través de una rendija como si nos estuviera espiando.

Su mano ocultando quién sabe si una carcajada o simplemente aguantando las palabras más elocuentes de la tarde.

Toda la personalidad que encierra esta foto es para mi algo místico y es uno de los retratos con los que me he sentido más satisfecho por el simple hecho de tratarse de alguien a quien admiro y a quien le debo el 120% de lo que sé sobre una cámara y el arte de "robarse el amla" con ella.

 

Gracias Fausto por dejarte retratar por un "simple mortal" y por enseñarme a ver la fotografía más allá del simple click del obturador.

 
Retratos y Personalidad E-Mail
Escrito por Daian   

Siempre he tenido como pasatiempo retratar personas con el simple objetivo de sacarle una parte de su personalidad y plasmarla en una imagen que puede convertirse en el símbolo de sí mismas durante mucho tiempo o incluso para siempre. He tenido dos maestros inigualables que con sus diferencias conceptuales han formado en mi a alguien capaz de entender el verdadero valor de un retrato y han hecho crecer la perspicacia fotográfica del "momento único".

Uno es Fausto Fernández, viejo amigo y fotógrafo cubano con toda una enciclopedia del mundo de la imagen entre sus surcos cerebrales. El otro, con igual apellido, es Juan Carlos Fernández, uno de los mejores fotógrafos de mi segunda patria, República Dominicana.

El primero (Fausto) es un viejo artista  que inyectó en mi la parte conceptual y abstracta-mística de lo que conlleva el robarle una expresión a alguien a través de un lente, el segundo (Juan Carlos) me enseñó todo cuanto se puede saber del retrato clásico, la iluminación y las técnicas de estudio acompañado además de toda una cátedra de la maquinaria fotógrafo-cliente, fotógrafo-modelo o como se le quiera llamar.

A partir de este Post quiero comenzar una serie de artículos dedicados a algunos retratos realizados durante el tiempo que he tenido una cámara en la mano. Llevará cada artículo la foto en sí y una explicación de todo cuanto pasó por mi mente a la hora de tomar la imagen además de todo lo que me evoca cada una de ellas.

Espero que en un futuro esto me sirva para rememorar viejas tomas y mantenerme al tanto de lo que Darwin llamó "evolución" pero transportando este concepto al plano personal y más allá......al plano personal-profesional.