sábado, 31 de julio de 2010

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    Fausto E-Mail
    Escrito por Daian   

    ImageFausto Fernández es uno de los fotógrafos más grandes que hay en Cuba y su obra está posiblemente a la altura de los grandes maestros de la fotografía clásica a nivel mundial (y no escatimo en afirmar esto, que conste).

    Además de su obra artística es muy probablemente una de las personas que más sabe sobre todo lo que tenga que ver con fotos, cámaras, lentes y todo lo referente al tema. A veces he llegado a pensar que se perderá tanto el día que ya no esté que sería preferible quemar todos los libros de fotografía en una gran hoguera y darle a Fausto de la fuente de la Inmortalidad sólo para que escriba todo desde cero. Sé que soy un poco extremista con lo de la hoguera pero para nada exagero cuando hablo del gran pool de conocimientos que contiene su sabiduría acompañado de la experiencia de años y de las constantes ganas de saber más y probarlo por sí mismo (hasta que funcione y se rompa).

    Personalmente tengo la dicha de tenerlo como amigo y en el tiempo que vivía en Cuba lo visitaba frecuentemente sólo para hablar de cuantos temas se nos ocurrieran, divagar en temas fotográficos, reírnos de las ocurrencias de Herbert Keppler en Popular Photography o simplemente para revelar un rollo e imprimir usando químicos de Radiografías. Todo esto se sucedía semana tras semana sentados en unas mecedoras que habían visto pasar sus sueños de fotógrafo, de hombre e incluso de matemático, pasión que había practicado durante muchos años.

    A pesar de las largas horas que pasamos juntos en nuestros debates "filosóficos", y de estar siempre acompañados de cámaras cargadas listas para ser usadas, no fue hasta unos pocos días antes de salir de Cuba que decidí retratarlo, quizás por temor a no crear una imagen a la altura del Maestro.

     

    Fue un jueves en la tarde, dispuse mi Canon A310 digital recién comprada y aún en período de prueba de fuego y le pedí que cambiásemos la  táctica de nuestra plática ese día, le sugerí acercarnos a la puerta que comunicaba la sala de su casa con un pasillo interior por el que se colaba el sol y le dije sutilmente que quería hablar de pié. Como de costumbre comenzamos a ponernos al día de temas tratados en Time, Life y demás revistas "imperialistas", luego seguimos el diálogo cayendo como siempre en temas inevitables como las cámaras Leicas, los objetivos asféricos, el sistema de zonas de Ansel Adams y lo que más compartíamos: la ironía y el sarcasmo hacia las cosas simples de la vida y hacia los mediocres "Gamberros" que merodeaban nuestra ciudad disfrazados de f5.6 con 1/60 haciendo reir a niños y cobrándoles a los papás por una 5x7.

    En fin....entre tantas cosas habladas y otras por hablar saqué mi cámara e iba tomando fotos con la única fuente de luz proveniente de la puerta e incidiendo difusamente sobre su figura envejecida. Varias tomas se hicieron ese día, algunas con espejuelos, otras sin estos, algunas con una camisa azul que parecía tener todos los años del mundo y algunas de cuantas formas fuimos improvisando durante la conversación.

     

    La imagen que hoy muestro aquí y que es entre todas la que siempre me cautivó, representa la más pura facción  de Fausto en su afán de comprender lo incomprensible y en su eterna sorpresa ante las cosas sencillas que nos rodean.

    Su mirada inquisidora y burlezca que nos trasmite el hecho de estar frente a un genio y que nos lleva siempre a la pregunta: "qué dije mal?" es el símbolo de su locura aritmética, fotográfica o incluso cuasi-freudiniana.

    Los espejuelos remendados sobre su frente nos revelan su dejadez por las cosas materiales, su irreverencia por todo cuanto tenga que ver con  verbos como "tener", "poseer", "comprar" o  "gastar".

    El estrecho cropping rectangular de manera vertical le quita un poco el sentido de fotografía tradicional a la imagen y nos lleva a creer que vemos el rostro envejecido a través de una rendija como si nos estuviera espiando.

    Su mano ocultando quién sabe si una carcajada o simplemente aguantando las palabras más elocuentes de la tarde.

    Toda la personalidad que encierra esta foto es para mi algo místico y es uno de los retratos con los que me he sentido más satisfecho por el simple hecho de tratarse de alguien a quien admiro y a quien le debo el 120% de lo que sé sobre una cámara y el arte de "robarse el amla" con ella.

     

    Gracias Fausto por dejarte retratar por un "simple mortal" y por enseñarme a ver la fotografía más allá del simple click del obturador.

     
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